El odio
Se empiezan a acumular las noticias y no quería verme pasando de largo lo ocurrido en Noruega. Aunque lo cierto es que creo que poco puedo desmarcarme sobre lo que he oído en los medios: que quien cometió los crímenes era un asesino y un loco.
Días después, un hombre en Madrid arroja una taza de café -la taza también, no solo su contenido- a una pareja que se estaba dando un beso en un restaurante. Como, en esta ocasión, no hay vidas que lamentar, voy a quedarme con un detalle que me ha llamado la atención: yo pago mis impuestos. Francamente sórdido.
Los dos, a pesar de las evidentes diferencias, se pueden clasificar como crímenes de odio; están basados en dogmas que pretenden dictar las creencias y rasgos más personales de la gente, y siempre, como sucede con casi todos los acontecimientos que cuenta nuestra Historia, suelen tener un detonante de carácter económico. Lo que une a uno y otro es que, (como) locos, buscan culpables ante un malestar; de ahí que el hombre mencione sus impuestos. Al mismo tiempo, la matanza de Noruega coincide con el desembarco de la inmigración, que ha llegado a triplicarse en un corto período de tiempo.
Como creo que al autor de la matanza de Noruega no le importa que le llamen loco, ni asesino, le quiero dejar por escrito que, sobre todo, hay que estar muy equivocado para pensar que jóvenes de catorce años en adelante pueden tener nada que ver con ningún malestar, ni con la crisis económica que contextualiza su crimen. En algún momento, cuando tenía diecinueve años, yo participé en un encuentro parecido al que mantenían los laboristas de Noruega. Algunos de mis mejores amigos han acudido este verano a otro campamento, la semana posterior a los atentados. Por eso, cuando leí la noticia, sentí algo más que empatía.
Puedo enumerar miles de motivos por los que militar en un partido político. Hay quienes viven las campañas como una liga de fútbol. A otros, entre los que se incluyen los anteriores, les vino de familia. Para muchos, creo que es mi caso, la participación política era una forma más de voluntariado. También quienes se apuntaron sin pensarlo, impresionados por alguna decisión puntual del partido, y al contrario, debido a los excesos de la derecha. Entre mis amigos, que ya han vuelto de Austria sin ningún rasguño, se encuentran todos estos tipos de militante. Y ninguno de ellos tiene la culpa más remota de lo que está pasando en el mundo; solo quieren un mundo mejor.
Vivo en un país en el que los vaivenes de una banda terrorista son noticia con bastante frecuencia. Y también en el que todavía queda quien justifica los crímenes políticos de la dictadura. Aunque nadie sepa qué es la muerte, me topo de cuando en cuando con monstruos que se declaran, públicamente, con derecho a terminar con la vida de otra persona; es algo que nunca he entendido.
Mi enhorabuena a Noruega, por no permitir que esta tragedia cambie su filosofía y su camino, y mis disculpas de antemano por relacionar este desastre con el altercado en el restaurante de Madrid. Sé que apenas se pueden comparar, y que puede crear confusión. Alguien cuya posición concediera relevancia a sus escritos quizá se anticipara a los malos entendidos, y borraría esta columna según cruzara su cabeza. Pero creo que, en realidad, hay algo que puedo decir a estos dos matones al mismo tiempo: busquen sus culpables en otra parte.
Vivo en un país en el que los vaivenes de una banda terrorista son noticia con bastante frecuencia. Y también en el que todavía queda quien justifica los crímenes políticos de la dictadura. Aunque nadie sepa qué es la muerte, me topo de cuando en cuando con monstruos que se declaran, públicamente, con derecho a terminar con la vida de otra persona; es algo que nunca he entendido.
Mi enhorabuena a Noruega, por no permitir que esta tragedia cambie su filosofía y su camino, y mis disculpas de antemano por relacionar este desastre con el altercado en el restaurante de Madrid. Sé que apenas se pueden comparar, y que puede crear confusión. Alguien cuya posición concediera relevancia a sus escritos quizá se anticipara a los malos entendidos, y borraría esta columna según cruzara su cabeza. Pero creo que, en realidad, hay algo que puedo decir a estos dos matones al mismo tiempo: busquen sus culpables en otra parte.
1 comentarios:
Cierto es que esos dos sucesos son dos caras de una misma moneda, y nos demuestran una realidad terrible.
Pero se intuye cierta condescendencia al tachar al terrorista noruego de loco. No nos equivoquemos, no es un loco, es un radical. Un radical de esos de los que hay a patadas en esta España y esta Europa nuestra, que cada vez van creciendo más, en número y en poder. Y esa condescendencia propia de quien piensa que la violencia no nos es propia a los europeos es lo que más permite que la bestia crezca, y así no se ve venir el peligro, simplemente porque no se quiere, pensando que el peligro nos vendrá desde fuera.
Sólo me gustaría llamar la atención sobre ese detalle: no es un loco. Ya he leido varias opiniones en internet que lo jalean como un héroe, es más, te voy a pegar un link: http://larazonimperfecta.blogspot.com/2011/08/el-llanto-de-los-camaradas.html?showComment=1312208587040#c3304709370897943203
Me parece que esta locura es demasiado contagiosa, quizás se esté convirtiendo en una plaga. No le quites importancia como si no supieran lo que hacen los pobrecillos, están locos.
Publicar un comentario en la entrada