El mañana llegó
Como no soy periodista, y este blog es personal, me puedo escapar de ese criterio por el que las cosas deben interpretarse con inmediatez; por esto el lunes me tomé mi merecida jornada de descanso post electoral. Y como no soy una cabeza visible del partido, también me puedo tomar mi tiempo antes de ponerme a fingir que estoy reconciliado o integrado de nuevo en el PSM; es decir, antes de pasar página, me resulta justo despedirme de las últimas cinco semanas, durante las que me había sentido útil, y me había sentido parte. Aunque no quiero verme escribiendo una crónica sentimental; en fin, vamos a ver qué sale de esto.
Hojeando el blog se pueden leer entradas de otras campañas. En ellas resalta el tono feliz, iluso, carente casi de preguntas, que caracteriza a mi estado de ánimo cuando estoy trabajando por algo. Aquello en lo que creo de forma más concreta se desdibuja y se convierte en un sinfín de esperanzas puestas en un partido, en una persona, y en ganar.
Algo así ha pasado esta vez, aunque fueran unas elecciones internas y, de la misma manera que sabía que Patxi López se dejaría la piel en hacer de Euskadi un lugar más habitable y más humano, contaba con que Trinidad Jiménez fuera a oxigenar el PSM, a convertirlo en un lugar sin vicios, rencores, ni coletazos de las brechas pasadas. Su mensaje nunca fue contra nadie y, a pesar de los numerosos intentos de la prensa por recoger de ella palabras menos amables, siempre miró hacia el cuatro de octubre y supo estar a la altura de las expectativas, cuando no las superaba.
Quizá cada uno de los que hemos acabado en su equipo hayamos llegado allí por motivos diferentes, pero no creo que a uno sólo se le pueda pedir explicaciones de por qué eligió estar con Trinidad Jiménez. En mi caso concreto, es muy simple: durante tres años había estado viendo cómo el PSM iba bajando y bajando, alejándose del electorado y de la vida pública, y me dolía ver que nadie pareciera preocuparse por esto. Parecía que era mejor decirle al rey que andaba con los mejores trajes, y en fin, a cada buena acción le seguía un justo castigo. Y me sentí orgulloso de que mi partido, por primera vez en mucho tiempo, se negara a dar Madrid por perdido.
La memoria pareció borrarse de unas cuantas cabezas, pero sobre todo, de la del secretario general del PSM. Quien nos había llamado desleales por haber criticado el rumbo del partido, le echaba un pulso al actual presidente del Gobierno. Estábamos en campaña, y se podía hacer borrón y cuenta nueva. Él quería ser el candidato sí o sí, y por lo visto esta actitud -magia de las contiendas electorales- era compatible con un proyecto colectivo, las ganas de hacer partido, y por devolver la voz a Madrid. El PSM se alzaba como una milicia contra el poder establecido y se intentaba identificar con las luchas románticas que nos contaban nuestros abuelos. En contraste, insisto, con esa posición irrenunciable. El candidato no sólo tenía que salir del mismo PSM -lo cual hubiera sido coherente con el resto del discurso- sino que tenía que ser, concretamente, Tomás Gómez. Una vanidad y un culto al líder, compañero, muy poco romántico y, mucho menos, de base.
El resto lo conocemos: se autoproclamó el candidato de la gente corriente, de la militancia, a pesar de que iba a ser la primera vez que se sometía a su veredicto, arrojado contra un montón de gigantes que iban a por él. Pero éramos molinos, Tomás, sólo molinos, y eso es lo que seguimos siendo después de haber tenido unos quinientos votos menos que tú. Decir que luchabas contra la cruel maquinaria del partido me resulta tan infundado como aquello de que detrás del bando republicano se escondía la Unión Soviética y, de paso, una conspiración judeo masónica.
Lo único de lo que se nos puede culpar es de haber buscado una alternativa que pudiera ganar en Madrid, y de haber pensado que ese objetivo, el de ganar las elecciones, convertía el resto de consideraciones en minucias -como hemos considerado minucias el pagar nuestro transporte, colaborar económicamente con la campaña además de con nuestro tiempo, o pasar más horas de las saludables en la oficina-. No hubo más poder detrás de esta campaña que el de un grupo de voluntarios, con muy pocos secretarios generales de nuestra parte, y trabajando a la contra de un discurso populista y facilón que retrataste con maestría este fin de semana: queremos que nos gobierne uno de aquí. Pensamos que ese proyecto colectivo de que todos hablamos, tú también, no debería llevar ningún nombre; simplemente la voluntad de conseguir un vuelco electoral en 2011 para que ese trabajo, de todos los militantes, pueda materializarse después de una victoria.
Ahora te veo arremetiendo contra compañeros que se lanzaron a hacer campaña por este partido, como tú, y, como según dices, por el mismo objetivo que tú; ganar en mayo. ¿Les corresponde dimitir, de verdad? ¿Ésta es la integración? La S que figura en nuestras siglas viene, compañero, del socialismo, pero la lógica que triunfa en nuestras filas, y sobre todo las tuyas, parece ser de riesgo y apuesta. ¿Quienes más han apostado, más merecen perderlo todo, como si en vez de apoyar a un candidato hubieran invertido en bolsa? Voy a empezar a pensar que acabaste en este partido después de echar una moneda al aire.
Pero todo ha terminado. Por unos cuantos votos más, la organización ha elegido seguir mirándose a sí misma en vez de escuchar aquello que nos pedía a gritos el resto de Madrid. Tengo muy claro que Trinidad Jiménez se presentó a estas primarias porque era aquí donde resultaba útil, como sé que quería ganar las próximas elecciones autonómicas. Y creo, por lo que he trabajado con ella, que la vanidad no forma parte de su carácter hasta el punto de considerar esta campaña, o la que llegara en mayo, como un mero trámite a ninguna otra parte, ni a la intención de liderar una nueva corte. Porque ojalá hubieras hecho oposición a la derecha con tanto tesón como te he visto hacerla, este mes y medio, contra tu compañera.
Estaré en la campaña por ti cuando llegue el momento, pero hasta entonces, ¿nos vas a culpar, de verdad? Hemos vivido unas semanas apasionantes, rodeados por el mensaje, por fin, de que este partido pertenecía a los militantes. Y ahora, llegan las represalias, y llegan como siempre, mientras tú sonríes a cámara y alguno de tus cachorros lanza el globo sonda. ¿No era este contexto, y sólo éste, en el que correspondía posicionarse, lanzarse al vacío, y dejar el mañana para mañana? Con todo, nadie ha hablado durante estas semanas de los tachones de la política interna del PSM estos tres años, porque creo que todos estábamos pensando en el día en que, ganara quien ganara, habría que trabajar por el objetivo común.
No es momento para pedir explicaciones a nadie, como nadie aquí merece perder nada, porque esto no es -o por lo menos no debería ser- un vaivén financiero. Lo tengo muy claro: no creo que nadie deba dimitir por haber formado parte de algo tan ilusionante, y tan bonito, como ha sido la campaña por la candidatura de Trinidad Jiménez. Ese medio partido, que no llega a medio por muy poco, sigue queriendo ganar las elecciones, y sigue dejando en un segundo lugar el resto de consideraciones internas. Por eso esta crónica ha terminado siendo un alegato, ya una vez asumida la derrota, por aquellos que han pasado estas cinco semanas conmigo y que se han lanzado, con valentía, a la conquista de un sueño probable.
Hojeando el blog se pueden leer entradas de otras campañas. En ellas resalta el tono feliz, iluso, carente casi de preguntas, que caracteriza a mi estado de ánimo cuando estoy trabajando por algo. Aquello en lo que creo de forma más concreta se desdibuja y se convierte en un sinfín de esperanzas puestas en un partido, en una persona, y en ganar.
Algo así ha pasado esta vez, aunque fueran unas elecciones internas y, de la misma manera que sabía que Patxi López se dejaría la piel en hacer de Euskadi un lugar más habitable y más humano, contaba con que Trinidad Jiménez fuera a oxigenar el PSM, a convertirlo en un lugar sin vicios, rencores, ni coletazos de las brechas pasadas. Su mensaje nunca fue contra nadie y, a pesar de los numerosos intentos de la prensa por recoger de ella palabras menos amables, siempre miró hacia el cuatro de octubre y supo estar a la altura de las expectativas, cuando no las superaba.
Quizá cada uno de los que hemos acabado en su equipo hayamos llegado allí por motivos diferentes, pero no creo que a uno sólo se le pueda pedir explicaciones de por qué eligió estar con Trinidad Jiménez. En mi caso concreto, es muy simple: durante tres años había estado viendo cómo el PSM iba bajando y bajando, alejándose del electorado y de la vida pública, y me dolía ver que nadie pareciera preocuparse por esto. Parecía que era mejor decirle al rey que andaba con los mejores trajes, y en fin, a cada buena acción le seguía un justo castigo. Y me sentí orgulloso de que mi partido, por primera vez en mucho tiempo, se negara a dar Madrid por perdido.
La memoria pareció borrarse de unas cuantas cabezas, pero sobre todo, de la del secretario general del PSM. Quien nos había llamado desleales por haber criticado el rumbo del partido, le echaba un pulso al actual presidente del Gobierno. Estábamos en campaña, y se podía hacer borrón y cuenta nueva. Él quería ser el candidato sí o sí, y por lo visto esta actitud -magia de las contiendas electorales- era compatible con un proyecto colectivo, las ganas de hacer partido, y por devolver la voz a Madrid. El PSM se alzaba como una milicia contra el poder establecido y se intentaba identificar con las luchas románticas que nos contaban nuestros abuelos. En contraste, insisto, con esa posición irrenunciable. El candidato no sólo tenía que salir del mismo PSM -lo cual hubiera sido coherente con el resto del discurso- sino que tenía que ser, concretamente, Tomás Gómez. Una vanidad y un culto al líder, compañero, muy poco romántico y, mucho menos, de base.
El resto lo conocemos: se autoproclamó el candidato de la gente corriente, de la militancia, a pesar de que iba a ser la primera vez que se sometía a su veredicto, arrojado contra un montón de gigantes que iban a por él. Pero éramos molinos, Tomás, sólo molinos, y eso es lo que seguimos siendo después de haber tenido unos quinientos votos menos que tú. Decir que luchabas contra la cruel maquinaria del partido me resulta tan infundado como aquello de que detrás del bando republicano se escondía la Unión Soviética y, de paso, una conspiración judeo masónica.
Lo único de lo que se nos puede culpar es de haber buscado una alternativa que pudiera ganar en Madrid, y de haber pensado que ese objetivo, el de ganar las elecciones, convertía el resto de consideraciones en minucias -como hemos considerado minucias el pagar nuestro transporte, colaborar económicamente con la campaña además de con nuestro tiempo, o pasar más horas de las saludables en la oficina-. No hubo más poder detrás de esta campaña que el de un grupo de voluntarios, con muy pocos secretarios generales de nuestra parte, y trabajando a la contra de un discurso populista y facilón que retrataste con maestría este fin de semana: queremos que nos gobierne uno de aquí. Pensamos que ese proyecto colectivo de que todos hablamos, tú también, no debería llevar ningún nombre; simplemente la voluntad de conseguir un vuelco electoral en 2011 para que ese trabajo, de todos los militantes, pueda materializarse después de una victoria.
Ahora te veo arremetiendo contra compañeros que se lanzaron a hacer campaña por este partido, como tú, y, como según dices, por el mismo objetivo que tú; ganar en mayo. ¿Les corresponde dimitir, de verdad? ¿Ésta es la integración? La S que figura en nuestras siglas viene, compañero, del socialismo, pero la lógica que triunfa en nuestras filas, y sobre todo las tuyas, parece ser de riesgo y apuesta. ¿Quienes más han apostado, más merecen perderlo todo, como si en vez de apoyar a un candidato hubieran invertido en bolsa? Voy a empezar a pensar que acabaste en este partido después de echar una moneda al aire.
Pero todo ha terminado. Por unos cuantos votos más, la organización ha elegido seguir mirándose a sí misma en vez de escuchar aquello que nos pedía a gritos el resto de Madrid. Tengo muy claro que Trinidad Jiménez se presentó a estas primarias porque era aquí donde resultaba útil, como sé que quería ganar las próximas elecciones autonómicas. Y creo, por lo que he trabajado con ella, que la vanidad no forma parte de su carácter hasta el punto de considerar esta campaña, o la que llegara en mayo, como un mero trámite a ninguna otra parte, ni a la intención de liderar una nueva corte. Porque ojalá hubieras hecho oposición a la derecha con tanto tesón como te he visto hacerla, este mes y medio, contra tu compañera.
Estaré en la campaña por ti cuando llegue el momento, pero hasta entonces, ¿nos vas a culpar, de verdad? Hemos vivido unas semanas apasionantes, rodeados por el mensaje, por fin, de que este partido pertenecía a los militantes. Y ahora, llegan las represalias, y llegan como siempre, mientras tú sonríes a cámara y alguno de tus cachorros lanza el globo sonda. ¿No era este contexto, y sólo éste, en el que correspondía posicionarse, lanzarse al vacío, y dejar el mañana para mañana? Con todo, nadie ha hablado durante estas semanas de los tachones de la política interna del PSM estos tres años, porque creo que todos estábamos pensando en el día en que, ganara quien ganara, habría que trabajar por el objetivo común.
No es momento para pedir explicaciones a nadie, como nadie aquí merece perder nada, porque esto no es -o por lo menos no debería ser- un vaivén financiero. Lo tengo muy claro: no creo que nadie deba dimitir por haber formado parte de algo tan ilusionante, y tan bonito, como ha sido la campaña por la candidatura de Trinidad Jiménez. Ese medio partido, que no llega a medio por muy poco, sigue queriendo ganar las elecciones, y sigue dejando en un segundo lugar el resto de consideraciones internas. Por eso esta crónica ha terminado siendo un alegato, ya una vez asumida la derrota, por aquellos que han pasado estas cinco semanas conmigo y que se han lanzado, con valentía, a la conquista de un sueño probable.
5 comentarios:
Esa noche fue muy dura, pero no puede borrar lo creado,lo vivido,lo disfrutado y lo unido.
El 48 a partir de ahora será mi número de la suerte,mi bandera y mi fortaleza,
¿quieres saber los motivos?
El 48:Me ayudó a recuperar la ilusión.
El 48:Me hizo madurar y encontrarme con los verdaderos valores de la izquierda.
El 48:Me enseñó quienes son las/os míos, a quien he de mirar a los ojos .
El 48:Me entregó maravillosas ideas de nuevos proyectos con mis nuev@s compañer@s.
El 48:Me regaló unas semanas de trabajo intensas pero muy felices.
El 48:Me recordó que no siempre las/os buen@s ganan.
El 48:Me honró con al suerte de conocer a Trinidad Jiménez
Al 48 le estaré eternamente agradecido,por estar en un proyecto a tu lado
Compañero toca levantarse,prepararse con mucha paciencia, con fuerza e ilusión. ¿me acompañas?
Frande
como me gusta!!
pienso lo que tu!
Aunque no comparto algunos análisis que haces, entiendo los momentos de pasión y los sentimientos que un proceso así puede generar. Y tengo un profundo respeto por muchos compañeros que, como tu, han tenido una posicion distinta de la mia.
Pero de veras me gustaría que nadie se sintiera en absoluto derrotado, aquí no ha habido ni vencedores, ni vencidos, nadie debe dimitir, nadie debe dejar sus responsabilidades. aquí no sobra nadie, muy al contrario.
Ojalá seamos capaces de demostrar nuestra madurez democrática y exhibirla ante la sociedad, ese es lo que esperan los madrileños.
Todas esas ilusiones, hayamos votado, lo que hayamos votado, hemos de volcarlas ahora al conjunto del Partido.
Aquí tienes mi mano tendida compañero, porque te respeto y ambos queremos ganar a Espe.
querido amigo y tocayo.
creer en lo que se hace es toda una fortuna, y de ella hemos podido disfrutar estas semanas.
como sabemos, el tiempo da nuevas oportunidades, y con lo aprendido, sin perder una pizca de ilusión y compromiso, cuando toque, seremos capaces de hacerlo mejor.
un abrazo bien fuerte. seguro que nos volvemos a encontrar.
Tomas ha ganado, por un estrecho margen, muchas son las hipótesis que hubiera pasado si hubiera ganado trinidad. A lo mejor el partido a premiado la labor de tomas de estos años, frente a trinidad que en poco meses quería ser candidata a la comunidad por unas simples encuestas, sin haber estado trabajado como lo ha hecho el. Quizás el partido ha premiado a que el partido necesita un nuevo impulso y un cambio, a lo que necesita el PSOE. Tomas es justo vencedor por un estrecho margen, pero zp también fue secretario general por un estrecho margen cuando no se le conocida tanto como a bono y luego termino siendo presidente de España. No se si has visto las declaraciones de Guerra Felipe González dos personas que han hecho que el partido socialista sea lo que es hoy y que zp esta dejando en evidencia lo que es el partido. No se trata de dar la espalda a zp quizás el partido necesita ese cambio que hace tomas. Tomas ha sido el alcalde mas votado en España y no creo que sea por arte de magia, el PSM necesita creer en un líder que cuente con todos y cada uno de sus militantes y este con ellos, no dudo que trinidad Jiménez no lo haga. A tomas le queda un largo recorrido y se enfrenta a una crisis de España donde en el PSOE se esta poniendo entredicho la continuidad de zp, donde la crisis pasara factura y eso no se puede negar. Cada vez son mas las voces que hablan en el partido y la última fue barreda que tuvo que rectificar. A mi me gustaría que zp se diera una vuelta por las comunidades y viera lo que esta sucediendo en vez de apartar a la gente que quiere ayudar a este país a salir de una crisis. Paxi lopez esta democratizando a Euskadi y su labor es muy buena dado que ha muchos le ponen como sucesor de zp y te recuerdo que apoyo a Tomas Gómez.
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