Efecto y democracia
Resulta curioso cómo baja el nivel del debate cada vez que algún tema complicado se acerca; las tormentas perfectas, aquellas que cuentan con más de una causa, parecen ser las preferidas del efectismo. Escribo esta reflexión por algo: ayer leía un reportaje que ahondaba en la intuición -creada pero colectiva- de que los socialistas de Madrid estamos condenados a un conflicto eterno entre nosotros.
Detrás del entramado de fuerzas que chocan en los partidos políticos en Madrid -no sólo en el PSM- suele haber una explicación bastante inocente. Madrid no es sólo asunto de los madrileños sino una cuestión de Estado, al tratarse de la capital. Por otro lado, está aquella leyenda urbana que sobrevuela desde hace tiempo sobre el PSM y cuyo relato nos habla de un sinfín de familias políticas que nunca están contentas.
Como militante, lo que creo que pasa hoy en Madrid, con motivo de las elecciones primarias que tendrán lugar en octubre, no termina de responder a ninguna de las dos explicaciones. La ejecutiva federal del PSOE, que estos días aparece referida en la prensa, de forma nada casual, como cúpula o aparato, quiere demostrar al electorado madrileño que no se olvida de él, y que merece toda su atención; ya no sólo para la capital de Madrid, que es lo que cabría esperar, sino también para la candidatura autonómica. En respuesta a la iniciativa, está la resistencia del secretario general del PSM a no ser el cabeza de lista él mismo. ¿Es éste el viejo conflicto entre dos líderes de que tanto nos han hablado, sin más? ¿Se puede decir, como se hace, que la voz de los militantes madrileños está siendo ninguneada (precisamente cuando nos espera un proceso por el que cada uno de los afiliados tendrá derecho al voto)?
Yo también tengo una intuición: ninguna fórmula de democracia es perfecta. El respeto a los procedimientos es, en realidad, la mejor manera, aunque no la única, de medir una democracia. En el mal llamado conflicto de Madrid, esos procedimientos, refrendados por los militantes, existen y están siendo respetados. Nadie que siga la actualidad política con cierta curiosidad exigirá que a un cargo orgánico le corresponda, siempre, un papel institucional.
Hay otro sofisma, porque al contrario de lo que he visto reflejado en los medios, la candidatura alternativa propuesta por Zapatero no viene dada únicamente desde fuera. Se venía pidiendo desde el mismo partido en Madrid desde hace tiempo y, para muchos militantes que veíamos con pesimismo, una vez más, las siguiente elecciones autonómicas, la iniciativa federal ha llenado de ilusión el trabajo que nos queda por hacer de aquí a mayo: derrotar a una derecha que piensa Madrid con la condescendencia, la pereza y el paternalismo de quien se dirige a su feudo.
Ya se dijo en un manifiesto -nuestro, de los militantes del PSM- hace tiempo. Si cambiamos, podemos. Este movimiento no ha sido improvisado, aunque la prensa quiera dar esa impresión. Con el conocimiento de causa que me confiere la militancia, sé que la ejecutiva federal no ha impuesto nada; al contrario, ha conseguido garantizar que en Madrid los procedimientos vayan a respetarse. Por suerte, ha acompañado su apuesta con una candidata que ha devuelto a los militantes el optimismo que hace falta para trabajar en política.
Es cierto que hay una condena en la federación de Madrid, como la hay en cualquier organización que esté dispuesta a no tener un líder único e incuestionable. Existe la amenaza de que la opinión pública confunda pluralidad con división; la convicción que corre entre los medios de que los debates crean brechas que difícilmente se reparan. Pero nosotros deberíamos saber explicar que este proceso nos hará mejores, si no tenemos miedo a hacer efectiva la conversación que existe en nuestro partido. Quienes afrontan las futuras elecciones primarias como un jaque a la organización no creen en la democracia interna, ni en los procedimientos que la garantizan.
La opacidad está, es cierto, premiada en el efectismo de la opinión pública, pero mermará los sueños de una organización cuya vocación es la democracia. Ése es el eterno retorno que encontraremos en Madrid, si no entendemos que la existencia de alternativas es, por definición, saludable; si no tenemos la valentía suficiente para dejar atrás los pactos de sordomudos que caracterizan a las formas tradicionales de política.
Detrás del entramado de fuerzas que chocan en los partidos políticos en Madrid -no sólo en el PSM- suele haber una explicación bastante inocente. Madrid no es sólo asunto de los madrileños sino una cuestión de Estado, al tratarse de la capital. Por otro lado, está aquella leyenda urbana que sobrevuela desde hace tiempo sobre el PSM y cuyo relato nos habla de un sinfín de familias políticas que nunca están contentas.
Como militante, lo que creo que pasa hoy en Madrid, con motivo de las elecciones primarias que tendrán lugar en octubre, no termina de responder a ninguna de las dos explicaciones. La ejecutiva federal del PSOE, que estos días aparece referida en la prensa, de forma nada casual, como cúpula o aparato, quiere demostrar al electorado madrileño que no se olvida de él, y que merece toda su atención; ya no sólo para la capital de Madrid, que es lo que cabría esperar, sino también para la candidatura autonómica. En respuesta a la iniciativa, está la resistencia del secretario general del PSM a no ser el cabeza de lista él mismo. ¿Es éste el viejo conflicto entre dos líderes de que tanto nos han hablado, sin más? ¿Se puede decir, como se hace, que la voz de los militantes madrileños está siendo ninguneada (precisamente cuando nos espera un proceso por el que cada uno de los afiliados tendrá derecho al voto)?
Yo también tengo una intuición: ninguna fórmula de democracia es perfecta. El respeto a los procedimientos es, en realidad, la mejor manera, aunque no la única, de medir una democracia. En el mal llamado conflicto de Madrid, esos procedimientos, refrendados por los militantes, existen y están siendo respetados. Nadie que siga la actualidad política con cierta curiosidad exigirá que a un cargo orgánico le corresponda, siempre, un papel institucional.
Hay otro sofisma, porque al contrario de lo que he visto reflejado en los medios, la candidatura alternativa propuesta por Zapatero no viene dada únicamente desde fuera. Se venía pidiendo desde el mismo partido en Madrid desde hace tiempo y, para muchos militantes que veíamos con pesimismo, una vez más, las siguiente elecciones autonómicas, la iniciativa federal ha llenado de ilusión el trabajo que nos queda por hacer de aquí a mayo: derrotar a una derecha que piensa Madrid con la condescendencia, la pereza y el paternalismo de quien se dirige a su feudo.
Ya se dijo en un manifiesto -nuestro, de los militantes del PSM- hace tiempo. Si cambiamos, podemos. Este movimiento no ha sido improvisado, aunque la prensa quiera dar esa impresión. Con el conocimiento de causa que me confiere la militancia, sé que la ejecutiva federal no ha impuesto nada; al contrario, ha conseguido garantizar que en Madrid los procedimientos vayan a respetarse. Por suerte, ha acompañado su apuesta con una candidata que ha devuelto a los militantes el optimismo que hace falta para trabajar en política.
Es cierto que hay una condena en la federación de Madrid, como la hay en cualquier organización que esté dispuesta a no tener un líder único e incuestionable. Existe la amenaza de que la opinión pública confunda pluralidad con división; la convicción que corre entre los medios de que los debates crean brechas que difícilmente se reparan. Pero nosotros deberíamos saber explicar que este proceso nos hará mejores, si no tenemos miedo a hacer efectiva la conversación que existe en nuestro partido. Quienes afrontan las futuras elecciones primarias como un jaque a la organización no creen en la democracia interna, ni en los procedimientos que la garantizan.
La opacidad está, es cierto, premiada en el efectismo de la opinión pública, pero mermará los sueños de una organización cuya vocación es la democracia. Ése es el eterno retorno que encontraremos en Madrid, si no entendemos que la existencia de alternativas es, por definición, saludable; si no tenemos la valentía suficiente para dejar atrás los pactos de sordomudos que caracterizan a las formas tradicionales de política.
1 comentarios:
Se ve que no interesa dar voz en los medios a la militancia, o que a la gente le gustan los grandes titulares y seguir siempre a lo que dicen los 3 ó 4 de arriba.
Esperemos que Trini le dé un aire nuevo a esto, aunque me temo que mi voto siempre estará más a la izquierda jeje.
Un saludo!
Publicar un comentario en la entrada