Socialistas y ricos
Hará unos días, según leí en un blog, una cabeza bastante visible de mi partido decía que se puede ser socialista y ser rico, que por qué no. El socialismo no trata de eso, sino que está relacionado con la honradez y la honestidad.
Fue una salida del paso plausible, de hecho; respondió a la pregunta -hay que reconocer que en un sinfín de ocasiones estos diálogos parecen tomados de textos de Samuel Beckett o de guiones de David Lynch-.
Deduzco que la honradez consiste en luchar contra el tráfico de maletines que tantas veces vemos corriendo por las dependencias públicas, y que se es honesto cuando se es sincero y transparente; es decir, cualidades que deberíamos poder exigir a cualquiera de nuestros representantes, independientemente de su ideología o, para quienes no la tienen, de su manera de hacer gestión.
Pero yo creo que el socialismo sí tiene que ver con la riqueza, es decir, con su distribución. En otras palabras, hasta donde yo sé, estar a favor de repartir la tarta en trozos equitativos entra en contradicción con comerse la tarta entera.
No voy a ser cínico: todos queremos bienestar y una cierta estabilidad económica. Y más que comprensible, me parece lógico que cualquier madre o padre prefiera dejar sus propiedades a su familia antes que a un desconocido. Pero no creo que el periodista que hizo la pregunta se refiriera, hablando de riqueza, a poder vivir alejado de la hipoteca, llevar una vida cómoda, poder viajar durante las vacaciones o tener una casa en la playa. Imagino que se refería más a la otra riqueza, la que, por definición, genera pobreza; a quienes se comen la tarta entera.
Lo siento, yo sí lo veo contradictorio. Aunque me da la sensación de que la regla general no es ésta, imagino que se puede ser rico y honrado; algunos deportistas lo son. Sabemos que Rafa Nadal es de las pocas estrellas del deporte que deja su dinero en España. Guti reparte las primas por gol entre los empleados menos pudientes de la plantilla técnica del Real Madrid. Tienen dinero, son honestos, y desde luego, no parecen haber caído en esa rueda que lleva a querer siempre más a quienes ya lo tienen todo. Son actitudes comprometidas y ejemplares, pero de un socialista por vocación, como a los que se refería el periodista, espero más.
Vamos a ser blanditos y pensar que, desencantados con los sueños de un mañana mejor, a las personas de izquierdas lo que nos queda es hacer socialismo situacionista, en el día a día, en las pequeñas encrucijadas; aquí llega la contradicción completa. Conozco a personas de mi edad que siempre han tenido muy claro que quieren tener dinero, cuanto más mejor, y tampoco hablaban de salir a comer fuera los domingos; hoy es políticamente insostenible decir que esto está mal, así que eludo hacer juicios de valor en este punto concreto. Pero, sí, he compartido momentos con ellos, y nunca le dijeron al emperador que andaba desnudo; siempre aceptaron hacer horas extra. En la universidad no se atrevían a firmar para pedir más medios o un equipo mejor y algunos ni siquieran compartían sus apuntes; se pasaron los mejores años de la vida compitiendo.
Y no, concluyo que no. Se podrá votar socialista, podrá conmover un gesto de izquierdas en algún momento; se sensibilizarán con la causa cuando lo exija la coyuntura. Pero ser socialista de corazón es incompatible con amasar una fortuna: con la obediencia sistemática que se exige para conseguirla y con la ceguera voluntaria que hace falta para retenerla.
Un apunte optimista: la polémica por la subjuntiva subida de impuestos a las rentas más altas podría, si queremos, volver a politizar la economía. Espero que el debate sobre la riqueza permanezca en el tiempo y que la medida, una vez superada la crisis, también.
Fue una salida del paso plausible, de hecho; respondió a la pregunta -hay que reconocer que en un sinfín de ocasiones estos diálogos parecen tomados de textos de Samuel Beckett o de guiones de David Lynch-.
Deduzco que la honradez consiste en luchar contra el tráfico de maletines que tantas veces vemos corriendo por las dependencias públicas, y que se es honesto cuando se es sincero y transparente; es decir, cualidades que deberíamos poder exigir a cualquiera de nuestros representantes, independientemente de su ideología o, para quienes no la tienen, de su manera de hacer gestión.
Pero yo creo que el socialismo sí tiene que ver con la riqueza, es decir, con su distribución. En otras palabras, hasta donde yo sé, estar a favor de repartir la tarta en trozos equitativos entra en contradicción con comerse la tarta entera.
No voy a ser cínico: todos queremos bienestar y una cierta estabilidad económica. Y más que comprensible, me parece lógico que cualquier madre o padre prefiera dejar sus propiedades a su familia antes que a un desconocido. Pero no creo que el periodista que hizo la pregunta se refiriera, hablando de riqueza, a poder vivir alejado de la hipoteca, llevar una vida cómoda, poder viajar durante las vacaciones o tener una casa en la playa. Imagino que se refería más a la otra riqueza, la que, por definición, genera pobreza; a quienes se comen la tarta entera.
Lo siento, yo sí lo veo contradictorio. Aunque me da la sensación de que la regla general no es ésta, imagino que se puede ser rico y honrado; algunos deportistas lo son. Sabemos que Rafa Nadal es de las pocas estrellas del deporte que deja su dinero en España. Guti reparte las primas por gol entre los empleados menos pudientes de la plantilla técnica del Real Madrid. Tienen dinero, son honestos, y desde luego, no parecen haber caído en esa rueda que lleva a querer siempre más a quienes ya lo tienen todo. Son actitudes comprometidas y ejemplares, pero de un socialista por vocación, como a los que se refería el periodista, espero más.
Vamos a ser blanditos y pensar que, desencantados con los sueños de un mañana mejor, a las personas de izquierdas lo que nos queda es hacer socialismo situacionista, en el día a día, en las pequeñas encrucijadas; aquí llega la contradicción completa. Conozco a personas de mi edad que siempre han tenido muy claro que quieren tener dinero, cuanto más mejor, y tampoco hablaban de salir a comer fuera los domingos; hoy es políticamente insostenible decir que esto está mal, así que eludo hacer juicios de valor en este punto concreto. Pero, sí, he compartido momentos con ellos, y nunca le dijeron al emperador que andaba desnudo; siempre aceptaron hacer horas extra. En la universidad no se atrevían a firmar para pedir más medios o un equipo mejor y algunos ni siquieran compartían sus apuntes; se pasaron los mejores años de la vida compitiendo.
Y no, concluyo que no. Se podrá votar socialista, podrá conmover un gesto de izquierdas en algún momento; se sensibilizarán con la causa cuando lo exija la coyuntura. Pero ser socialista de corazón es incompatible con amasar una fortuna: con la obediencia sistemática que se exige para conseguirla y con la ceguera voluntaria que hace falta para retenerla.
Un apunte optimista: la polémica por la subjuntiva subida de impuestos a las rentas más altas podría, si queremos, volver a politizar la economía. Espero que el debate sobre la riqueza permanezca en el tiempo y que la medida, una vez superada la crisis, también.
3 comentarios:
Ricos no, pero estaría bien que se disociase con claridad un cierto estilo de vida acomodado de las convicciones socialistas.
Lo digo porque si países gobernados por partidos de "izquierdas" se van desarollando, y los niveles de vida mejoran, baja el desempleo y demás, sería peligroso asociar cierto nivel de bienestar material con cierta percepción de la vida, en este caso más conservadora o liberal según el caso.
El reto sería que si un partido socialista gobierna bien, y por lo tanto mejora la calidad de vida de los ciudadanos y genera una clase media más o menos aceptable, que esta no se crea que lo mejor que puede hacer a partir de entonces es pedir que bajen los impuestos, sino que siga apostando por unos servicios públicos robustos.
Para esto lo mejor es difundir la idea de que a los partidos socialistas también les puede votar gente que sí llega a final de mes.
Eso, o gestionar la economía mal a posta para tener siempre un suministro de electores pobres suficientes que reclamen una redistribución que nunca llegará, lo cual es tétrico xD.
En cuanto a los exageradamente ricos estoy completamente de acuerdo. El quedarse con un porcentaje desproporcionado de sus ingresos para si mismos es una opción personal que no parece casar demasiado con una visión igualitaria de las cosas.
Un saludiño.
Bravo fran, un poco de lucídez en la coyuntura de socialismo atrapalotodo en el que estamos cayendo.
Y el epílogo: Mete a la demagogia en la fiesta. Las rentas altas, nene. ¿Qué es una renta alta me dices, mirándome tiernamente a los ojos? Pues amada mía, depende donde te ubiques. Partamos de los 60 boniatos de Andalucía y subamos un poco depende de la vegueria. Gente que tiene nómina y pilla to eso. Pero es que son médicos, ingenieros, etc. Gente currante que ha dedicado su juventud a formarse y se lo ha currado. Que si lo llegan a saber, no dejan de estar de botellón y de tunear el buga. Como la gente decente de este país. Es que algunos siguen creyendo que los reyes son los padres. Pobres.
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