Como en los cuadros del Quattrocento

El socialismo se demuestra decorando los techos con pan de oro. No sé, quizá alguien vio que La virgen de la humildad de Fra Angélico también estaba envuelta en una gran manta áurea, y confundió términos (el de la humildad, se entiende).

Así quedarán los despachos ejecutivos del PSM

Ahora que sabemos en qué necesaria tarea vamos a gastar los fondos del partido, aquello de despedir a la plantilla de Miguel Fleta adquiere un nuevo sentido.

Los desaires de Kosovo

Cuando un dedo señala a la luna, el tonto mira al dedo. Y en eso se han quedado la mayoría de medios de comunicación; como nadie duda de que retirar las tropas de Kosovo es una medida plausible, pasamos de la luna, miramos al dedo, y preferimos fijarnos en que las cosas no se han hecho bien.

Tendríamos que haberlo explicado mejor es el titular de una gran cantidad de periódicos. Yo me pregunto en qué mundo viven: en el de los soldados que estan allí, desde luego, no. Tendría que haberse hecho poco a poco, explicado muy despacio -para que todos los americanos lo puedan entender- y antes. [Me pregunto, si tan sólo hay que razonar la decisión, y no consultarla, por qué es necesario exponerla antes y no después.]

La verdad, creo que las minucias del protocolo pueden esperar, si se alargan, que se alarguen; eso sí, mientras aquellos que están allí a las órdenes de la OTAN, en una cotidianeidad nefasta, van volviendo para casa. Olvidarnos de todos ellos, que están allí jugándose el tipo, mientras los criminales de despacho se toman todo el tiempo del mundo en decidir de dónde viene y a dónde va Kosovo, no tiene ningún sentido.

¿Que se ha hecho mal y rápido? No lo comparto, francamente. A no ser que para evitar desairar a cuatro accidentadas eminencias merezca la pena prolongar la situación de peligro en que se encuentran allí nuestras tropas, o hacer esperar a esas familias que tiemblan cada vez que suena el teléfono. Que les expliquen a ellos; que convendría que sus seres queridos no volvieran de Kosovo hasta que fulano se haga la foto con mengano.

Creo que se les levantaría el mismo dedo que a mí -y en esta ocasión, no estarían señalando a la luna-.

Diez de marzo

Me he dado cuenta de que el día de mi cumpleaños es el aniversario de muy pocas cosas que resulten relevantes en mi pequeño mundo de izquierdas y republicano. Es más, son escasas, y además, tristes.

El 10 de marzo de 1937 el Ejército de Franco toma Guadalajara -me he leído una batalla larguísima y tediosa, y al final resulta que ganan ellos-.

El 10 de marzo de 1972, dos obreros son asesinados por la policía en Galicia. Existe una Fundación 10 de marzo, y la fecha en cuestión es el Día da Clase Obreira Galega. Esto me hace ilusión, dado mi conocido afecto al pueblo galego, a su lengua; a esos pequeños chalados galegos que de cuando en cuando se escapan por el mundo y llenan las vidas de la gente de Campos Bravos, combustiones espontáneas, santas compañas e historias sobre templarios.

El 10 de marzo de 1985, nombran a Gorbachov secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética. En fin.

Por lo demás, comparto cumpleaños con una gran lista de personas que significan, para mí, poco o nada, a excepción de Sharon Stone, con la cual tengo en común no sólo una fecha, ni la agresividad de nuestra belleza, sino una extraña afición a decir burradas y quedarnos tan tranquilos.

Dicho esto, el 10 de marzo de 1986 no es, gracias al cielo, un día importante para esa Izquierda que tanto me gusta; sólo decir que trabajaré porque la fecha sea, al menos para los míos, el día en que una pequeña y local Izquierda se toparía con un granito de arena que la haría más entrañable, desenfadada y soñadora.

El teatro de la vida

La política. Ese mundo en el que un señor con una suerte de cualidades -iniciativa, seguridad en sí mismo, porte elegante, expresión tranquila- contrata a otros señores para que le ayuden a desarrollar sus virtudes, esconder sus defectos, y en definitiva, hacerle parecer un superhombre -de los de Nietzsche- ante la cruenta mirada de la sociedad. Es un mundo muy extraño.

Por eso aquellos deslices de los que la gente se suele escandalizar -si no hacer leña en el peor de los casos-, a mí me tranquilizan bastante. Oye, que no es un superhombre, que es uno de nosotros. Y así, Rajoy me cae un poco mejor desde que todos sabemos que el desfile de los soldaditos le parece un coñazo.

A riesgo de darle importancia a algo que, sorprendemente, no ha cundido en nuestros fallidos medios de comunicación de masas, tan sólo decirle al presidente Zapatero que me alegro de que, de cuando en cuando, también piense en follar. No hay, en mi opinión, un mejor síntoma de salud.

No sé qué pensarán en Ferraz, pero mostrarnos cómodos con el lado humano de nuestros representantes me parece de las mejores cosas que se puede hacer por nuestro partido -de izquierdas-. Y, sobre todo, luchar contra esa monstruosa dinámica de la política que pretende que nuestros dirigentes no sean, antes que políticos, personas.

No nos falles

Porque estos resultados premian un trabajo que va más allá de las campañas electorales; de años y legislaturas. Porque llevan demasiado tiempo allí los mismos. Porque es necesario que la agenda política de Euskadi marque unas prioridades muy diferentes de las que se han tenido hasta ahora.

Porque los movimientos sociales se pueden frenar, o se pueden intentar retrasar, pero no se pueden aletargar desde ninguna cámara. Porque hay mucha gente que ha salido de sus casas, esta vez, con una pequeña esperanza de que su voto sirva para algo.

Porque es nuestra responsabilidad, como socialistas, conseguir que los ciudadanos de Euskadi disfruten de las mismas libertades, de los mismos derechos, y de la misma paz que los ciudadanos de cualquier otra democracia moderna. Sin coacciones para su creatividad, para su trabajo, ni para su desarrollo.

Porque lo personal es político, y con este cambio en Euskadi podemos ayudar al pueblo vasco a abandonar para siempre la ideología del odio que a otros les ha resultado tan rentable.

Porque los socialistas vascos han vuelto a creer en nosotros, y los de toda España te atendían ayer con ilusión, no puedes mirar atrás. Que eres tú, y no otro, al que le corresponde devolver a la política su razón de ser. Que ese cambio que han elegido los ciudadanos en la calle no se pierda entre los sillones de un salón. Con este no nos falles, no te pido nada, ni espero de más de ti, que simplemente eso: tienes que ser el próximo lehendakari.