Cinco minutos de silencio

El terror volvió el viernes pasado, si es que acaso alguna vez se había ido.

Cuando Patxi López encontró la mayoría para ser lehendakari, mi familia, entre otras personas, me preguntó qué iba a cambiar. Si iba a haber un giro en la política antiterrorista de Euskadi. Y aunque conocía el discurso y el ideario del partido allí, no sabía en qué medidas concretas se iba a materializar. Porque creo que quienes no vivimos en Euskadi no éramos conscientes de todas aquellas cosas que había que deshacer, en primer lugar, antes de construir nada medianamente sólido sobre lo que combatir el terrorismo.

Sobre Euskadi, este mismo fin de semana he reconocido, a otro nivel, esas cosas que uno piensa que se hacen solas, cuando no es así en absoluto (como se asimilan las tareas de la casa, de forma completamente diferente, cuando le corresponde hacerlas a uno mismo). Esto es, el asesinato y la extorsión no necesitan que nadie los deslegitime: lo hacen por sí solos. Y sin embargo, hay que crear un contexto, un imaginario, en el cual la naturaleza de estos crímenes se perciba tal cual, desdeñada de cualquier intento de ideal romántico.

A este respecto, queda mucho por hacer, pero ya hay también un pequeño camino recorrido, suficiente como para trazar la dirección que sigue. Como se retiraron en su día las estatuas de Franco, hoy se arrancan las apologías al terrorismo de las calles de Euskadi -algunas permanecían en instituciones públicas-. La ertaintza ha confesado que tenía órdenes de no intervenir en entornos proetarras, y el efecto que seguirá a esta causa no necesita explicación. La manifestación de condena por el asesinato se reprodujo íntegramente por ETB, y el discurso del lehendakari, por primera vez, careció de ambigüedad.

Hay quien dice que los ciudadanos nunca se equivocan, y no sé qué pensar. A veces, creo que basta que se equivoque uno, para que la gente camine detrás, callada, con miedo a decirle al rey que anda desnudo. Cuando hay extorsión y silencio de por medio, más aún. Pero se puede cambiar ese imaginario. Y el terrorismo se verá aún más marginado, pasando de términos relativos a absolutos, por esa sociedad para la que dice trabajar. Ésa es una derrota que no tenemos que forzar, pero sí, a diferencia de los gobiernos anteriores, dejar que suceda.



1 comentarios:

glamboy69 dijo...

Simplemente tiene que cumplir la ley, sin extralimitarse torturando a nadie ni legitimando ningun apoyo a la violència, pero sabiendo ceder si con eso pudiera acercarse a una solución real y definitiva del conflicto.