Desde Bruselas con amor

Si cuando llegan las elecciones generales elegimos a alguien que, aparte de gobernar las competencias de la Administración central, nos represente ante el mundo, se hace evidente que la descentralización territorial confiere a las elecciones europeas, como conferirá a las autonómicas, un valor muy diferente -quizá más importante en términos sociales y económicos-.

La transferencia de competencias, aunque haya quien quiera contemplarla sólo como una ingrata consecuencia de los nacionalismos, responde también a una división lógica de los procesos de toma de decisiones. Nos ocecamos en que sólo ha habido una transferencia del Estado a las autonomías, para simplificarla; cuando no es así. Cuando paralelamente, desde 1986, en nuestro país, como en casi todos los de Europa, ha ocurrido una transferencia similar. Menos mediática, rentable, y escandalosa. Pero similar, o más relevante.

Estas dos reflexiones hacen que cada día me siga extrañando de la alta participación que suele darse en las elecciones generales, y de los bajísimos niveles que se esperan para las siguientes elecciones. Concretamente, de la abstención que se prevé en el electorado de izquierdas.

Cuesta creer que, habiendo salvado hace poco nuestras vidas de la jornada de 65 horas, la gente parezca empeñada en no darse cuenta de que las decisiones se toman en Europa. De que aproximadamente el 70% de nuestra legislación es un desarrollo de directivas europeas. Que es desde Estrasburgo y desde Bruselas desde donde, con amor, nos piden que cuidemos ese medio ambiente que a los españoles nos provoca cierta pereza intelectual, o que dejemos de echarle el humo encima a nuestro compañero de despacho.

También me gustaría decir que, por aquí, he oído que Bruselas es una delicia: que es política de verdad -y no en un sentido vertical-. El trabajo se toma muy en serio, al quedar alejado de la primera línea de los medios; los parlamentarios tienen mayor capacidad de iniciativa, lo que anima a la autocrítica dentro de los grupos parlamentarios y genera, en consecuencia, un debate más rico -o inteligente, o menos absurdo en general-.

Sé que se mantiene la impresión de que nuestro voto en las siguientes elecciones sólo consiste en darle a alguien un billete de avión, y que es muy probable no volver a tener noticias de lo que ocurrió con nuestra papeleta. Por eso, aparte de explicar nuestras propuestas, tenemos que concienciar a la gente de que allí es donde se toman las decisiones; decisiones que son más exactas y concretas de lo que nos imaginamos. Porque las cosas existen, aunque no aparezcan por televisión.

3 comentarios:

Mmmmm dijo...

Tienes razón, la gente no se da cuenta de lo importante que es Europa. Yo creo que no se vota por dos cuestiones clave: la gente sigue sin entender qué se hace allí, cómo, en qué se plasma su voto... y dos, por cuestiones ideológicas. Ya sabes, uniones supranacionales=globalización=sistema opresor y demás. La izquierda que yo llamo "a la antigua" es, como decía la maravillosa profesora Palop, tremendamente conservadora. Y creo que, como bien dices, si la gente supiera qué nos ha aportado Europa, muchos de aquellos negacionistas se tendrían que comer su rechazo con papas porque defienden posturas similares.
En fin, sí, yo creo en mantener los niveles local, regional y estatal muy vivos no es incompatible con organizarnos mejor a nivell europeo.
Por cierto, lo mismo acabo en Bruselas el año que viene, ya te contaré :)
PD: respondí en el post de la cuña verde. Tarde, lo sé, pero a ver si te pasas y me re-contestas. Me apasiona debatir, ya lo sabes.

Besotes frantxu!

kailing dijo...

A mi me ha defraudado un poco lo de Europa pero por lo poco que se ha llegado. Yo ya me esperaba el fin de las naciones europeas y el nacimiento de Europa; pero parece que va a ser que no, que europa va a ser siempre un amasijo de naciones egoistas, cada una tirando para lo suyo incapaz de ver mas alla y de pensar un proyecto comun. No era eso lo que yo entendi cuando me lo explicaron... En el fondo mas que un amanecer me suena a un intento de alargar un inevitable ocaso. Inevitable hasta que no se pongan en entredicho el mismo concepto de nacion-estado en Europa. Hasta entonces son bambalinas con alfileres. Yo votare, que se va a hacer, aunque a alguien raro, raro.

Frande dijo...

Adrián (Puto) y tú podríais protagonizar una peli llamada "Tú a Bruselas y yo a Estrasburgo". Madre mía, que paneuropeo tengo el cuartel.

Kailing, no te voy a soltar el rollo de que votar a los partidos pequeños es tirar el voto a la basura, porque el día menos pensado puede dejar de serlo. Sólo señalar que me parece un poco absurdo que la "rareza" de un partido sea un valor en sí mismo. Yo soy de los que piensa que encerrarse en un pequeño mundo en el que sólo uno mismo tiene razón es contrarrevolucionario. Pero imagino que no es igual de divertido llegar el lunes a clase y decir que has votado al PSOE o a IU. Así que, la vida es cuestión de prioridades, compañer@.

No comparto la idea de que en Europa sólo haya un amasijo de egoísmo; los gobiernos de izquierdas en las principales potencias europeas, al fin y al cabo, crearon y potenciaron unos fondos de cohesión por los que los países que más tenían daban dinero a los que tenían menos. En mi pueblo a eso se le llama altruismo.

Besos y República.