Y el dedo salió de la llaga

Se nos ha ido otra buena persona. Y poco puedo decir que no haya dicho él, que escribiendo hasta el final, nos ha dejado por escrito una crónica de su vida en la que adivinaba cómo se marcharía de este mundo. Y quizá, os conmueva el sentido del humor con que ha sabido reírse de sí mismo hasta el último momento.

Su columna, entre otras, me alegraron muchísimas mañanas. Y yo siempre quise ser como él, o como Rafael Reig, como Fernando Fernán-Gomez. Una de esas personas libres, habitadas por una desenfadada mala leche.

Porque en el mundo tal y como lo hemos dejado, los genios se ven obligados a esconder tanto tiempo su inteligencia para no ofender a nadie; para sobrevivir en estos entramados de envidias, ignorancias contagiosas, y bailes de agua. Y él no lo hizo.

Le gustaban las músicas del mundo, así que me despido de él con esta bossa. Adiós, compañero.