Setenta años después
Lo siento, porque la entrada llega con un día tarde. Y en mi cabeza, desde luego, la fecha no pasó desapercibida. Ayer fue el aniversario de un final anunciado; no un día trágico, sino lógico. Trágicos fueron los tres años que le precedieron y, aún más, los más de treinta que vinieron después.
Hace poco, en un discurso, me vi escribiendo la definición de alevosía. Fue eso lo que comenzó el 1 de abril de 1939. Un regodeo miserable en la derrota del otro. Una inexplicable motivación por hacer sufrir, aún más, a quienes ya no tenían nada. Una cadena de torturas interminables que hacía desear, o incluso provocar, la propia muerte.
Y todo, en palabras de Julia Conesa, por pedir para dar de comer a la gente.
Las víctimas dicen que nuestra Ley de Memoria Histórica no ha sido suficiente, pero que es un avance. Aquí discrepo, porque un avance es todo aquello que, posteriormente, seguirá caminando en la misma dirección. Y hoy pienso en todas esas vidas supervivientes que, por la edad, se van apagando poco a poco. Que me demuestren lo contrario, pero esta ley no va a caminar; y menos para las personas para las que, precisamente, se había escrito.
Porque cada día, quedará menos de aquellos héroes. Menos personas que puedan contarnos, con su propia y quebrada voz, lo que sucedió entre los muros de las cárceles de Madrid. Y cada día, perdemos una pequeña oportunidad de restaurar su dignidad. De que, desde las autoridades -democráticas ahora- se les diga que aquella vida que arriesgaron en la batalla y que perdieron en el exilio, estuvo llena de sentido.
Pasan los días, y no les mostramos nuestra gratitud, ni nuestra impotencia al comprobar que ya nadie queda como ellos. Que nadie entrega cinco minutos por sus ideas; aquellas por las cuales ellos dieron la vida entera. Que se ha pasado de moda hablar del hambre. Que para crear mayorías, recurrimos no a ideas, sino que pedimos un voto interesado y egoísta. Nada que ver con aquellos que perdieron todo por un mañana que, todavía, no han visto.
Setenta años después, queda mucho por decir, y lo que no puedan hacer ellos, lo haremos nosotros -yo por lo menos-. Compañeros, buena suerte, y dicho esto,

1 comentarios:
Escribes muy bien. Con emoción pero sin que tu prosa se ahogue, hablando muy alto y muy claro.
Pues sí... ¡Viva la República! :-)
A.
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