Grândola, vila morena

Llevo todo el año revisando las fechas señaladas con un día de retraso, hasta el punto de que el compañero Bouzas se me ha adelantado con una preciosa crónica sobre el 25 de abril.


Quizá haya que haber vivido en Lisboa para que el 25 sea un día para recordar, o para que transgreda de lo político a lo personal -si es que acaso esos dos espacios existen, realmente, por separado-.

Recuerdo haber estado en la manifestación no oficial, que se convocaba bajo reclamos anticapitalistas y antifascistas. Recuerdo llegar allí, que la pobre Carmen llevaba una camiseta de Mango, que el resto de lisboetas adoptivos que habíamos acudido, éramos de lo más hippie y floral. Y recuerdo estar rodeado de gente vestida de negro, con palos, las caras tapadas, y un individuo con unas gafas para 3D -no, no le he encontrado una explicación a esto todavía-.

La cámara municipal había puesto césped en el Largo do Chiado. Y allí nos sentamos después de manifestarnos, tímidamente, entre todo aquel tumulto, que había dejado algún que otro residuo vandálico a su paso. Me pareció especialmente reivindicativa la pintada moda = merda en la fachada de un establecimiento franquiciado por una multinacional.

Recuerdo cómo aquellos chavales intentaron reclutarnos, cuando ya estábamos en el césped, y casi todos les dijimos que pasábamos de ellos. Porque no fuimos todos. Nuestro compañero Musa se fue con los meninos de negro para continuar con las reivindicaciones. Los demás ya habíamos tenido bastante anticapitalismo por ese día.

Al día siguiente, me enteré de que Musa había pasado la noche en el calabozo de la comisaría de Martim Moniz, y aunque no compartía las formas del grupo con el que le habían detenido, me dió pena haber dejado que nuestro amigo se hubiera unido, él solo, a aquellos actos. Y me hubiera gustado haber estado con él esa noche, porque es una de las mejores personas que conozco.

Nos marchamos de la ciudad diciendo que el 25 de abril nos veríamos otra vez. A las seis de la tarde junto a la boca de metro de Rossio. Yo, haciendo caso a Sabina, aún no he vuelto a caminar por las adoquinadas calles de Lisboa. Pero, cuando nos echamos de menos los unos a los otros, y decidimos coger un tren y vernos, cantamos el Grândola, vila morena como si siempre fuera 25 de abril.



2 comentarios:

Javier dijo...

Me has hecho recordar mi viaje a Lisboa con tu experiencia en la ciudad lusa, Jajaja Me encanta tu relato de vuestra manifestación. Creo que todo aquel que tiene profundos sentimientos a la libertad y a la lucha de un pueblo, visita Lisboa y conoce qué significa "o 25 de abril", nunca lo olvida.

Si no la conoces ya, te recomiendo "Capitanes de abril", de María de Medeiros.

Un saludo!

Sarinha dijo...

Ayyyy, qué bonito te ha quedado el blog. Los pelos de punta tengo, amore. Viví ese 25 de abril intensamente, y cada 25 de abril fuera de Lisboa me transporto como si formara parte de la ciudad. Yo sí que he vuelto a pisar las calles adoquinadas en un par de ocasiones, pero nada volverá a ser igual.
Me ha encantado tu post, y me alegro un montón de haber compartido la experiencia lisboeta contigo.
Muitos beijinhos.