El Gordo, la mala y el flaco
En primer lugar, sólo decir que Tiburón (1975), de Steven Spielberg, es una de mis películas preferidas, y que está llena de contenido. Otra cosa es que nuestros ediles no sepan verse reflejados en ella, pero ahí están el alcalde -que mantiene las playas abiertas para seguir atrayendo a los turistas, pero no mete ni el dedo gordo del pie en el agua-, el héroe de la clase trabajadora -que muere durante su jornada laboral, por cierto- y el único hombre honrado -que desafía el orden establecido para salvar a la gente-. El tiburón, según algunos teóricos, es una metáfora de la desregulación económica -una estúpida máquina de comer que se alimenta de turistas, igual que la clase política y empresarial de la isla-. Aunque no sé qué pensará la compañera González-Sinde de todo esto.
En ese sentido, me parece un desmesurado halago que a nuestro trabajo en la oposición se le califique de spielbergiano. Porque puestos a hablar de cine: lo que me parece de película de David Lynch es que Izquierda Unida se jacte de ir de la mano de Esperanza Aguirre a las ciencias ficciones del 2 de mayo.
Por si a alguien le interesa, las fiestas a las que yo pienso ir son estas: las convocadas por los propios vecinos, tras años de espaldarazo -y porrazos, y bombardeos fétidos varios- por parte de nuestro ayuntamiento. Porque se supone que lo que se celebra en estas fiestas es la soberanía popular. Y no el despotismo ilustrado de la lideresa. Los placebos pueden ser caros, numerosos y sofisticados, pero no engañan a los vecinos.
No sé cómo será el acto que organizará el PSM, pero sólo recordarle que las fiestas son fiestas, y pedir que si alquilamos la plaza, no sea para dar un mitin. Que si se nos concede ese espacio, sea para devolverle a la gente su barrio, que es lo que quieren. Es el único fin de semana del año en que los madrileños nos recreamos en nuestra identidad madrileña, y lo que queremos es celebrarlo. Sin vergonzantes disturbios, sin que a la bofia le entre la pataleta y ataque, como hace dos años, a menores, parejas felices, y mujeres embarazadas.
Pero también sin politiqueo. Si nos vamos a plantar entre los vecinos de Tribunal, que no sea para coger un micrófono y hablarles de memocracia, proyectos y talantes. De verdad, si nos importan un poco, gastemos nuestros fondos de socialistas madrileños en invitar a los vecinos a unas cañas y unos pinchos de tortilla. No es catetismo, ni es incultura, ni es falta de curiosidad intelectual. Es escuchar de una puñetera vez al pueblo, y no se me ocurre acto más emotivo que ése.
En ese sentido, me parece un desmesurado halago que a nuestro trabajo en la oposición se le califique de spielbergiano. Porque puestos a hablar de cine: lo que me parece de película de David Lynch es que Izquierda Unida se jacte de ir de la mano de Esperanza Aguirre a las ciencias ficciones del 2 de mayo.
Por si a alguien le interesa, las fiestas a las que yo pienso ir son estas: las convocadas por los propios vecinos, tras años de espaldarazo -y porrazos, y bombardeos fétidos varios- por parte de nuestro ayuntamiento. Porque se supone que lo que se celebra en estas fiestas es la soberanía popular. Y no el despotismo ilustrado de la lideresa. Los placebos pueden ser caros, numerosos y sofisticados, pero no engañan a los vecinos.
No sé cómo será el acto que organizará el PSM, pero sólo recordarle que las fiestas son fiestas, y pedir que si alquilamos la plaza, no sea para dar un mitin. Que si se nos concede ese espacio, sea para devolverle a la gente su barrio, que es lo que quieren. Es el único fin de semana del año en que los madrileños nos recreamos en nuestra identidad madrileña, y lo que queremos es celebrarlo. Sin vergonzantes disturbios, sin que a la bofia le entre la pataleta y ataque, como hace dos años, a menores, parejas felices, y mujeres embarazadas.
Pero también sin politiqueo. Si nos vamos a plantar entre los vecinos de Tribunal, que no sea para coger un micrófono y hablarles de memocracia, proyectos y talantes. De verdad, si nos importan un poco, gastemos nuestros fondos de socialistas madrileños en invitar a los vecinos a unas cañas y unos pinchos de tortilla. No es catetismo, ni es incultura, ni es falta de curiosidad intelectual. Es escuchar de una puñetera vez al pueblo, y no se me ocurre acto más emotivo que ése.
2 comentarios:
¡¡Qué bonito te ha quedado el blog!! ^^
¿El PSM qué? Si eso pondrán alfombra roja para que mi querido compañero no pise el sucio suelo del populacho
Secundo tu reivindicación de unas fiestas madrileñas para los madrileños. Besos chulapo!
Publicar un comentario en la entrada