Armadas autoridades

Me encantaría hablar de los cambios en el Gobierno, pero hoy leo en El País algo menos noticioso, y en mi humilde juicio harto más importante.

Una inexplicable agresión policial a un viandante se produjo en Londres durante las manifestaciones contra el G20. En el vídeo proporcionado por el diario se puede apreciar que el peatón no estaba haciendo absolutamente nada, cuando el golpe de un agente le arrojó al suelo.

El hombre, que sufrió un ataque al corazón tras caer al suelo, fue apartado por la policía, que le intentó reanimar sin éxito. Mañana, la consabida complicidad de las autoridades hablará para explicar que aquel golpe no tuvo nada que ver con el infarto que acabó con la vida del transeúnte.

Escribo esto pocos días después de haber presenciado, este fin de semana, una agresión similar a un adolescente que estaba bebiendo una lata de cerveza en la calle. El joven no cayó al suelo, pero lo cierto es que me impresionó la violencia con que fue tratado por las autoridades.

No pasó de una anécdota, pero ¿alguien se acuerda de la reciente concentración contra Bolonia en Barcelona? ¿Qué le pasa a la policía? Quizá sea verdad que la crisis económica ha infundado a los cuerpos de seguridad ese temor a las subjuntivas revueltas sociales de que tanto se habla. Quizá, estos sean unos primeros pasos en falso para crear un miedo colectivo hacia una policía que sólo sabe hacerse entender a golpes.

Quizá, los motivos por los que a quienes entran en el cuerpo de policía sólo se les pide la educación secundaria, se dibujen en mi cabeza: que si los años y las letras hubieran trabajado un poco más su inteligencia y su sentido común, no serían hoy esos violentos neandertales, cuya agresividad arremete contra las mismas personas a las que debieran proteger.

Ante estos abusos, sólo queda un consuelo: que de sus golpes, nosotros nos defenderemos con información. Ya en los sucesos del 2 de mayo de 2007 en Malasaña, los vecinos grabaron las brutales palizas con que la policía intentó poner orden en el barrio. Los agentes, al ver que se estaba registrando su actuación en vídeo, gritaron a quienes estaban con la cámara en la mano desde sus ventanas, para que dejaran de grabarles.

Pero con esa información en la mano, a lo mejor, algún día podremos acordarnos de todos estos sucesos, cuyos métodos se hayan superado. Y viviremos en una Democracia con mayúscula, en la que la autoridad no la den las armas.

De momento, para reír por no llorar, me quedo con lo que dicen en la escuela de música: los inútiles, o se meten a delincuentes, o se meten a policías.

1 comentarios:

Sarinha dijo...

Es inadmisible este tipo de actuación, me da muchísima rabia ver este tipo de injusticias. Hay una corrupción tremenda dentro de los cuerpos de autoridad, que se aprovechan de su puesto para repartir por donde les da la gana. En fin amore, espero que estés bien, que hace mucho que no hablamos. Muack!!