Gaza y la inspiración

Suele decirse -y yo me lo creo- que la genialidad de algunas de las obras literarias y artísticas de nuestra Historia, se debieron a profundos momentos de flaqueza y depresión de sus autores.

Fue Virginia Woolf la que me pegó esa pesada afición al punto y coma


Larra se pegó un tiro, Virginia Woolf se arrojó a un río, David Lynch vivía encima de una funeraria y Van Gogh se cortó una oreja. Pero son muchos más aquellos célebres creadores que llevaron vidas infelices; otros que, no teniendo ningún problema, fueron capaces de inventárselo; también quienes vivieron en la pobreza y murieron sin saber que sus trabajos ocuparían no ya los estantes de los globalizados centros comerciales, sino los manuales de Lázaro Carreter y los planes de estudio de nuestras universidades (públicas, imagino que en la privada leen a Dan Brown). Aunque, por lo que sé, el hombre cuyas letras me han marcado definitivamente, Clarín, acabó siendo la excepción que confirmaba la regla al conseguir llevar una vida desenfadada.


Y le hicieron una estatua a Anita Ozores, salida de la cabeza de Clarín, en pleno Vetusta


No hace falta irse tan lejos, de todas formas. Sara, una de mis narradoras preferidas, escribe para ver si hay algo en este mundo para ella. Porque al final, escribimos para responder a nuestras preguntas; sí, incluso cuando nuestros textos llegan a la bajeza creativa del pregón, escribimos por impulso, porque algo falla y no sabemos qué.

Este mes ha sido terrible a nivel humano y político, y la miseria de los hombres ha despuntado, como suele pasar a veces cuando cunde la paranoia colectiva. Y sin embargo he escrito poco, muy poco, sobre una desgracia hacia la que tengo una opinión cerrada y firme. Porque, por la razón que sea, estos días no encuentro palabras; que mi ánimo no acompaña a lo que está pasando en este mundo. O quién sabe, quizá inconscientemente sienta que no puedo decir nada nuevo al respecto, y por eso no me he servido esta vez del teclado para mi causa.


En principio es cualquier chico, pero creo que a nivel inconsciente pinté un autorretatro,
y no, no viene a cuento, pero pensé que cualquier cosa era mejor que colgar
un documento gráfico del genocidio


No tengo inspiración para que, al pensar en Gaza, pueda decir algo más que un simple y gigante no. Querría ser como Clarín, y que me vinieran las palabras también cuando no tienen lugar las preguntas. No me tomaría esos descansos de las letras, que como este mes, ha sido muy largo.

1 comentarios:

Sarinha dijo...

Amore, te informo de que en la universidad privada nunca me mandaron leer a Dan Brown, y nos enseñaron muy bien quién era Lázaro Carreter. Ya sabes que no me gustan los tópicos y los prejuicios, así que no generalices...

Por otro lado, a mí Gaza no me inspira. Me agota, me desespera, me enfada, me crispa... pero no me inspira para escribir líneas. Supongo que ahora necesito escribir en positivo, y eso me lo impediría. Mil besos!!